Ya el año pasado, nuestro profesor de castellano nos propuso esta redacción de un dialogo en dos estilos diferentes, el directo y el indirecto.
Empecemos por el directo:
-¿Porqué no hablas?- me preguntó mi madre.
-Supongo que estoy cansada.- le contesté sin ganas.
-Pero, ¿cansada de qué?- volvió a preguntar, ahora un poco curiosa.
-De todo, mire hacia donde mire no encuentro salida a este enorme laberinto que es la vida. No entiendo muchas cosas del mundo que me rodea. No sé que hacer.- le dije triste.
-Tranquila hija, no siempre estarás así, es normal tener miedo y inseguridades. No saber hacia donde ir es lo mejor a veces, ya que puedes decidir tantas y diferentes opciones...Ya tendrás tiempo para decidir y crear una rutina, ahora debes disfrutar.-
-Pareces tan segura de ti misma mamá, tan segura de que tus palabras son validas para todo el mundo.
-Si querida, se de lo que hablo. Tengo ya unos cuantos años, y preocuparme no me ha servido de mucho. Ahora lo daría todo por ser como tu y cambiar muchas cosas, cosas que por preocuparme me hicieron escoger el mal camino. Así que no te preocupes y haz lo que te apetezca. Cuando tengas mi edad ya sabrás que es tener las cosas claras.
-Supongo que tienes razón y es todo cuestión de tiempo. Gracias mamá.
Ahora el estilo indirecto:
Me encontraba mal, mi cuerpo estaba débil, no me podía levantar. Mi madre me preguntó que me pasaba y yo no sabia que responder. ¿Que a caso lo sabía? No!.
Miles de preguntas sin respuesta vagaban por mi mente y no sabía que hacer con ellas, tenía ganas de enviarlas fuera, para que no me atormentarán más. Mi madre siempre me repetía que si pensaba tanto en las cosas no me podría defender del mundo, del cual ella opina que no es maravilloso. Ella es genial en este aspecto, se preocupa hasta del mundo en el que vivimos, y no teme de las tormentas que nuestra terrible mente crea. Me pregunto siempre si por su cabeza pasan aire, y como al resto de humanos, le pasan pensamientos, ya sean buenos o malos. Por mucho que pensara y que le preguntara a ella el porque temía del mundo, no me respondía. Si lo hacia me decía que era porque Dios no era perfecto, ya que la perfección no existe, y que por lo tanto el mundo tampoco lo era. También decía que el cerebro, o nuestra mente,en cambio, la podíamos controlar, y evitar determinadas cosas, cosa que allí donde nos encontramos es imposible, ya que la naturaleza no tiene dueño.

Escribe un comentario