Capítulo V
Fragmento 1
Empieza a andar. Para que lo logre le deja su padre en una gran pieza muellemente tapizada, que se las componga, ofreciéndole sillas y otros objetos a que se agarre y un palo que le sirva de bastón. Y si Marina quiere acudir a él, al verlo vacilar, tendiendo los bracitos:
- Quieta, quieta, déjale que se caiga, que no pasará del suelo.
- ¡Qué mundo este, Virgen Santísima!- y sigue soñado la madre.
En este fragmento se puede apreciar, los elemetos que proporciona Avito a su hijo Apolodoro para que éste aprenda a caminar sin ayuda alguna. También se aprecia el papel que ha de desempeñar la madre, Marina, frente al exigente método del padre. A esta se le prohibe la ayuda a su hijo para que éste se desarolle como un genio (tal como quiere el pdre) sin necesitar el cariño
Fragmento 2
Mientras el padre se encierra con el filósofo, enciérrase la made con el hijo y allí es el besuquear al sueño de su sueño.
-Mamá, di querido.
-¡Querido!, ¡querido mío!, ¡rico!, ¡rey de la casa!, ¡cielo!, ¡querido!, ¡querido...! Luis, Luisito, Luisito, mi Luis...
Porque al bautizarlo hizo le pusieran Luis, el nombre de su abuelo materno, del padre de Marina, en vez de aquel feo Apolodoro, y es Luis el nombre prohibido, el vergonzante, el íntimo.
-Luis, mi Luis, Luis mio, Luisito, mi Luisito- y se lo come a besos.
En este fragmento vemos como la madre aprovecha cada momento en que su marido no está por Apolodoro para mimarlo y demostrarle todo lo que siente y que a su padre no le gusta oir. También vemos como al niño le gusa oir a su madre, le gusta que lo mimen. Se vé que los dos comparten, siempre que pueden, una relación madre-hijo muy cariñosa, afectiva.
Fragmento 3
-¿Dejarle?
-¡Sí, dejarle! ¿Ha sido usted alguna vez niño, Carrascal?
Avito vacila entre esta pregunta y responde:
-No lo recuerdo, al menos...Sí, sé que lo he sido porque he tenido que serlo, lo sé por deducción, y sé que o he sido por los de mi niñez me han hablado, lo sé por autoridad, pero, la verdad, no lo recuerdo, como no recuerdo haber nacido...
- Aquí, aquí está todo, Avito, ¡aquí está todo! ¿Usted no recuerda haber sio niño, usted no lleva dentro al niño, usted no ha sido niño, y quiere ser pedagogo? ¡Pedagogo quien no recuerda su niñez quien no la tiene a flor de conciencia! ¡Pedagogo! Sólo con nuestra niñez podemos acercarnos a los niños.
En este fragmento vemos como el filósofo, don Fulgencio, le plantea el hecho de querer y no poder. És decir, a Avito le gustaría educar a su hjo con una determinada pedagogía cuándo ni él mismo se acuerda de su niñez. Por lo tanto no entiendo el porqué debe dejar a su hijo hacer las cosas que le apetezcan, sin tratarle diferente a los otros niños. Sin tratarlo como un genio en desarollo y no como no que és, como un niño.

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